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Edición 2014

Concierto


EL ÚLTIMO BARROCO EUROPEO

Lugar


BAEZA, AUDITORIO DE SAN FRANCISCO

Fecha


SÁBADO, 29 DE NOVIEMBRE, 20.30 H.

Director


MICHAEL THOMAS

Intérprete


JOVEN ORQUESTA BARROCA DE ANDALUCÍA

Componentes


Laura Lozano Medina, Elena Álamo Fernández, Daniel J. García de Castro Domínguez, Marina García Magdaleno, Bárbara González Martínez, Roberto Gregorio Luque Schoham, Bárbara Pareja Mateos, Lourdes Violeta Peláez Ruiz, Laura Romero Alba, Juan Carlos Moreno Castillo, Pablo Romero Carreño, violines

Celia Viñolo Martín, Luis Enrique Iglesias Cano, Adriana Pulido Bandera, violas

María Nazaret Navea Expósito, Francisco Daniel España Arjona, Laura Ramírez Álvarez, violonchelo

Miriam Aragón González, Amador Macías del Pozo, contrabajos  

Sara Becerra Romero y Marta Barragán González, flautas

Berta Bermejo Moya y José Manuel Cuadrado Sánchez, oboes

Miguel Maceda Laffon, fagot

Roberto García García y

José Antonio Morales de la Fuente, claves

David Cano Barranco, percusión

 

Juan Francisco Padilla, laúd

Michael Thomas, director musical

 

Profesores:

Valentín Sánchez (violín), María Ramírez (viola)

Mari Carmen Coronado (violonchelo) y Alejandro Casal (clave)

Coordinador: Juan José Gil

Gerente: Juan Carlos Ramírez Aguilar

Programa


PRIMERA PARTE

 

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Suite para orquesta nº 1 en Do Mayor BWV 1066

Ouvertur - Courante - Gavotte I & II - Forlane - Menuet I & II - Bourée I & II - Passepied I & II 

 

Antonio Vivaldi (1678-1741) 

Concierto para guitarra en Re Mayor

I. Allegro

II. Largo

III. Allegro

 

 

SEGUNDA PARTE 

 

Jean Féry Rebel (1666-1747) 

Les caractéres de la Danse

Prelude - Courante - Menuet - Bouree - Chaccone - Sarabande - Gigue - Rigaudon - Passepied - Gavotte - Sonate - Loure - Musette - Sonate

 

Les élémens

I. Le Cahos

II. Loure 1. Le terre

III. Chaconne. Le feu

IV. Ramage. L’air

V. Rossignols

VI. Loure 2-La chosse. L’eau

VII. Tambourins I & II

VIII. Sicilienne

IX. Rondeau. Air pour l’amour

X. Caprice

Chacone (reprise)

 

 

EN COLABORACIÓN CON LA AGENCIA ANDALUZA DE INSTITUCIONES CULTURALES

Notas programa


El último barroco europeo

 

Pablo Bujalance

 

Si a menudo la historiografía musical tiende a considerar las distintas etapas como entidades absolutas, y a la transición entre ellas como rupturas a veces no precisamente cordiales, resulta sin embargo especialmente difícil señalar dónde termina el Barroco. Y es que con él asistimos a uno de los periodos más fecundos de la Historia de la Música, no sólo por la regeneración que alentó en sus límites sino por la inspiración que provocó, y provoca, mucho más allá de los mismos. Conviene ya estudiar por fin el Clasicismo no como reacción, sino como evolución natural de la estética barroca; pero, más aún, dar cuenta de la misma en el Romanticismo, en los nacionalismos europeos alumbrados a finales del siglo XIX, en el jazz y la contaminación que ejerció en la música sinfónica, en el dodecafonismo y la Escuela de Viena, en el minimalismo y las demás vanguardias del siglo XX. Por decirlo de manera extraordinariamente simple, allí donde la música se corona como valor autónomo y como cosa en sí, acontece el Barroco. Para su concierto en el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza, la Joven Orquesta Barroca de Andalucía propone una mirada al último Barroco europeo (y resulta oportuna la apostilla europea, por cuanto para finales del siglo XVIII ya se había consolidado una corriente barroca iberoamericana, evidentemente continuadora de las formas del Viejo Continente pero ya singular y argumentalmente distinta, sobre todo en virtud de la síntesis que bordó con determinadas músicas de raíces africanas que, como veremos, disfrutaron de un excitante proceso de ida y vuelta respecto a Europa) y que no debe entenderse como la atención a una puerta que se cierra, sino como la constatación de muchas puertas que se abren (y siguen abiertas). El espectador encontrará un repertorio propiamente barroco, sin duda, con la suite como mayor excusa, la danza como instrumento para la satisfacción de los gustos, la preeminencia del modelo francés y demás señas de identidad bien conocidas; pero también hallará apuntes más que notorios a corrientes futuras, inminentes algunas, remotas aún otras, deudoras todas del Barroco como suerte de perpetuum mobile para el genio musical.

 

Si bien algunas fuentes señalan que Johann Sebastian Bach (1685-1750) compuso sus cuatro suites para orquesta a partir de 1725 en Leipzig, otras sitúan al menos el germen de este trabajo en torno a 1717, en los últimos años que el maestro pasó en Weimar. Semejante posibilidad no resulta, ni mucho menos, remota: la querencia de la corte ducal por la música italiana era manifiesta, pero no lo era menos el gusto por las obras de los músicos franceses, considerados, por lo general, más atrevidos y capaces. Fue en 1717 cuando Bach se enfrentó en duelo musical celebrado en Dresde al organista y clavecinista francés Louis Marchand quien, según cierta versión legendaria de la historia, huyó de la ciudad antes de que tal duelo llegara a celebrarse, después de haber escuchado en secreto a Bach durante sus ensayos. Semejante anécdota echa más madera al fuego de la canonización musical de Bach, ante el que hasta los respetados maestros franceses salen despavoridos. De cualquier forma, Bach sigue en su Suite para Orquesta nº 1 en Do mayor (compuesta originalmente para dos oboes, dos violines, fagot, viola y bajo continuo) los procedimientos canónicos de Francia a la hora de abordar la suite, con una obertura en la que una sección inicial majestuosa en ritmo con puntillo en compás binario precede a otra sección en fuga, más rápida y en compás ternario, culminada con un breve apunte de la sección anterior. Bach no fue precisamente muy amigo de la suite para orquesta: sólo compuso cuatro partituras para el género, mientras su contemporáneo Telemann llegó a entregar 135. Y resulta más que probable que Bach llegara a transigir con la revisión de las danzas europeas al estilo francés, aun en tan breve producción, dado el éxito de que disfrutaba el formato en Alemania. De cualquier forma, la obra contiene algunos de los hitos que conforman a Bach como puente hacia el Clasicismo (especial atención merece en este sentido la courante) y su audición resultará especialmente reveladora junto a las obras escogidas de Jean Féry Rebel para este programa.

 

Pero, antes, la Joven Orquesta Barroca de Andalucía propone, junto al guitarrista Juan Francisco Padilla, el Concierto para guitarra en Re mayor de Antonio Vivaldi (1678-1741), otra pieza de naturaleza propiamente barroca que esconde ciertos ingredientes reveladores y anticipatorios. El primer Allegro se resuelve en su espléndido re mayor con sus connotaciones puramente vivaldianas: el instrumento solista ejecuta el pulso característico con una intención melódica en pleno diálogo con la orquesta. Los pasajes en los que la guitarra cobra el protagonismo absoluto lo hace sin desdibujar un ápice el sendero trazado por las cuerdas. En el Largo, la guitarra presenta ya un rico desarrollo armónico pero respetando la misma comunión con las cuerdas, que ahora sí se resuelven, en consecuencia, mediante una arquitectura con menos elementos pero igualmente eficaces, casi en brazos de una textura inaudita. El Allegro final presenta una síntesis de los dos movimientos anteriores, con la guitarra y las cuerdas ya en plenitud armónica pero conservando la feliz cualidad dialogante, inevitablemente más compleja pero igual de natural en su apariencia gracias a un admirable equilibrio de los cauces. Como siempre en Vivaldi, el solista y la orquesta mantienen posturas conciliadoras. Pero merece la pena subrayar que, al contrario que en otras obras de similares peculiaridades tímbricas del italiano, como el Concerto Grosso para dos mandolinas, dos guitarras y cuerdas, la partitura se conduce en un ánimo más cantabile, más cercano a los presupuestos neoclásicos. Y no sólo por lo reducido de la formación: buena parte del discurso aquí contenido anticipa, y de qué manera, el tono galante que el clasicista Boccherini consolidó en sus conciertos para quinteto y guitarra.

 

Pero donde el programa muestra más intención a la hora de analizar las postrimerías del Barroco es en la mirada brindada al compositor francés Jean Féry Rebel (1666-1747), considerado uno de los autores más innovadores de su tiempo, protegido de Jean-Baptiste Lully, director de la Real Academia de Música de Francia, merecedor de una gran popularidad en su época y, sin embargo, poco conocido por el público actual. Rebel se valió de los géneros propios del Barroco, la sonata y la suite, para servir en bandeja una revolución formal primero y armónica después. El concierto de la Joven Orquesta Barroca de Andalucía presenta sus dos obras más conocidas e interpretadas: Les caracteres de la Danse, compuesta en 1715, responde a la típica colección de danzas pero contiene elementos realmente extraños en su discurso, como la inclusión de dos sonatas de estilo italiano. Vista hoy esta obra en el contexto puramente barroco, la decisión de Rebel sugiere una cierta extravagancia, pero lo cierto es que en su momento la composición fue muy celebrada, si bien no llegó, que digamos, a crear escuela. Pero la mayor aportación del francés a la Historia de la Música llegó con su última obra, otra suite, Les élémens, compuesta por Rebel en 1737, cuando ya tenía 71 años. Merece la pena atender a su primer movimiento, Le cahos (el caos). El espectador encontrará aquí nada menos que el primer clúster tonal de Occidente, con un acorde compuesto por todos los semitonos cromáticos de la escala en disposición unísona: un telón decisivo tras el que se abre el propio desarrollo del cosmos. Los timbres de la orquesta se distribuyen de manera representativa entre los cuatro elementos primigenios: tierra, aire, fuego y agua. Y la interpretación excita una impresión poderosamente dramática, en combate continuo, con fuerzas que luchan por emanciparse en una exégesis problemática y pitagórica del universo (especialmente agónica resulta la melodía de la flauta, que apenas llega a ser tal entre un fragor de cuerdas alzados como muros). Rebel viaja, ciertamente, y sin saberlo, al instante inmediatamente previo al Big Bang, allí donde todo era confusión. Y para expresar la misma no duda en emplear todos los recursos a su alcance. El desarrollo posterior de Les élémens se da en ascensión, en una intuición perpetua de la luz a través de la oscuridad que, sin embargo, nunca llega a zafarse, ni siquiera en su culminación, de las sombras. Cada una de las danzas (y aquí obliga Rebel en el siglo XVIII a la danza a ser contemporánea o no ser) conserva el regusto del impacto de Le cahos, y casi deja al oyente a su suerte, sujeto a una sensación de soledad en el vacío. Especial relevancia adquiere en este paisaje la chacona, inserta en el tercer movimiento y recuperada en una maniobra desconcertante al final: es aquí donde se produce el viaje de ida y vuelta, de Europa a Iberoamérica y viceversa, pero Rebel emplea el material basado en la escala descendente para apurar una impronta casi jazzística. Les élémens es una suite, pero también es un poema sinfónico en el que el viejo sueño barroco de la imitación de la naturaleza halla cumplimiento (tal vez demasiado tarde, pero con consecuencias definitivas) de manera total. Aquí se encuentra la semilla de la que se alimentaron después Mahler, Richard Strauss y Schönberg. Posiblemente, medio siglo antes del estallido de la Revolución Francesa, ya había intuido Rebel que algo debía transformar el mundo y sus ritos para siempre. Y hacía falta ya una música que estuviera a la altura. 

Curriculum Intérprete


Michael Thomas, director. Nacido en Middlesbrough (Reino Unido) en 1960, Michael Thomas se ha convertido en uno de los más destacados artistas de su generación. Comenzó a tocar el violín a los nueve años y a los once se convirtió en el miembro más joven, hasta la fecha, de la National Youth Orchestra of Great Britain. En 1971 fundó el Brodsky Quartet, que lideró durante 27 años y con el que dio conciertos por todo el mundo. A los diecisiete, Michael comenzó sus estudios en el Royal Northern College of Music, tras estudiar con Sandor Végh en Salzburgo. Ese año también se incorporó a la European Community Youth Orchestra. Entre los directores con los que trabajó destacan Claudio Abbado y Lorin Maazel. Desde el 2000 Michael fue director artístico de la Orquesta Joven de Andalucía y director del Joven Coro de Andalucía. En la actualidad es director titular de la Orquesta de Cámara de Menorca, la Orquesta de Cámara Andaluza y la Orquesta Ciudad de Almería.

 

Juan Francisco Padilla, laúd. Distinguido durante el 2004 con la Insignia de Oro de a la personalidad artística más destacada del año por la Junta de Andalucía, Juan Francisco Padilla nace en Almería en 1975. Considerado desde muy corta edad niño prodigio de su instrumento, en la actualidad es uno de los guitarristas más importantes del mundo en su generación. Ganador de multitud de premios en concursos internacionales, recientemente ha grabado y realizado gira junto a Cecilia Bartoli e Il Giardino Armonico, para el sello Decca: Sacrificium, ganador de los premios Grammy 2011, es en la actualidad el CD más vendido de música clásica, compitiendo en las listas con las grandes estrellas del pop mundial. Ha actuado como solista con las principales orquestas españolas. En el campo de la construcción de guitarras, ha investigado y evolucionado el instrumento junto a constructores que se han convertido posteriormente en figuras relevantes en este campo gracias a su aportación en torno al conocimiento acústico y estructural de la guitarra de concierto.

 

Joven Orquesta Barroca de Andalucía. La Joven Orquesta Barroca de Andalucía (JOBA) nace como un proyecto pedagógico promovido por la Orquesta Filarmónica de Málaga. Su finalidad no es constituir una formación orquestal estable ni integrarse en el circuito habitual de auditorios y festivales, sino despertar en un grupo de jóvenes, entre los 17 y 22 años, el interés por la música barroca así como darles a conocer sus escuelas, géneros y prácticas interpretativas. 6 violines primeros, 6 violines segundos, 4 violas, 3 violonchelos, 2 contrabajos y 2 clavecinistas constituyen su plantilla. Cada integrante permanece en la Orquesta durante un período de dos años.

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