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Edición 2007

Concierto


El Cancionerillo de Écija, un manuscrito inédito de la nobleza andaluza

Lugar


Baeza, Auditorio de las Ruinas de San Francisco

Fecha


Domingo, 9 de diciembre, 12.30 H.

Director


Juan Carlos de Múlder, director

Intérprete


Camerata Iberia

Componentes


Camerata Iberia

Olalla Aleman, tiple
Ana Huete, tiple
Carlos Sandúa, alto
Karim Farham, tenor
Manuel Vilas, arpa de dos órdenes
Pedro Estevan, percusión
Juan Carlos de Múlder, vihuela y guitarra barroca y director

Programa


Fabritio Caroso (1525/1535-desp.1605) / Michael Praetorius (1571-1621)
Spagnoletta (diferencias)

Cancionerillo de Écija (princ. s. XVII)
A mi tormento cruel (nº 7)*                                                    
Silvia pues de mi triunfais (nº 3)*                                                 
 
Anónimo / Robert Dowland (c.1591-1641)
(A Musicall Banquet, Londres, 1610; poesía de Jorge de Montemayor)
Pasaba amor su arco (solo)                                                 

Cancionerillo de Écija
Los ojos vuelve a Beliza (nº 5)*                                              

Anónimo / Diego Ortiz (1510-1570)
Guárdame las vacas (diferencias)                                         

Cancionerillo de Écija
El rabioso mal de celos (nº 6)*                                                

Anónimo / Robert Dowland
(A Musicall Banquet, Londres, 1610)
Vuestros ojos (solo)

Cancionerillo de Écija 
Entre mortales suspiros (nº 11)*
                                       
Francesco da Milano (c.1497-1543) / Vincenzo Galilei (1520-1591)
Fantasía y contrapunto (instrumental)               
                           
Cancionerillo de Écija 
Crudo amor, Fortuna ingrata (nº 10)*                                      
Serrana que en el ejido (nº 2)*

Carlo Calvi (activo 1646) / Anónimo
(Intavolatura di chitarra, e chitarriglia, Bolonia, 1646)
Canario (diferencias)                                                       

Cancionerillo de Écija 
De las riberas del Tajo (nº 9)*                                                  
Injusta ley es la tuya (nº 4)*                                                   
A bailar, a bailar muchachas (nº 1)*                                            

Antonio de Cabezon (1510-1578) / Diego Ortiz
Pavana - Folía (diferencias)                                                 

Juan Arañés (1ª mitad s. XVII)
(Libro segundo de tonos y villancicos, Roma, 1624)
Dígame un requiebro (solo)                                                  

Cancionerillo de Écija 
Arriba gritaban todos (nº 8)*                                


*Transcripción y edición: Javier Suárez-Pajares
Archivo Municipal de Écija, Fondo del Marqués Peñaflor,
Legajo 98 (Cancionerillo de Écija)

Notas programa


Javier Suárez-Pajares

Unidos a principios del siglo XIX, los marquesados de Peñaflor, Cortes de Graena y Quintana de las Torres -vinculados a la ciudad de Écija- quedaron vacantes tras el fallecimiento de su última titular en 1958. En 1962, el palacio barroco de los Marqueses de Peñaflor fue declarado Monumento Histórico-Artístico y adquirido en 1992 por el Ayuntamiento de Écija. Ingresaron así en el Archivo Municipal los abundantes fondos documentales del Marquesado entre los cuales se encontró un pequeño cuaderno que comenzaba con una serie de poesías con notación musical, catalogado como Legajo 98 del Archivo del Marqués de Peñaflor. Es lo que hemos denominado "Cancionerillo de Écija", una nueva fuente de polifonía profana española que puede datarse en los últimos años del siglo XVI. En esos años no existía ninguno de los marquesados, sino un complejo de familias nobles que, mediante una política matrimonial estratégica, acumulando títulos y riquezas, acabaría dando lugar a una de las grandes fortunas de la Andalucía moderna. Resulta muy aventurado, por tanto, precisar a cuál de las múltiples líneas familiares que integraron finalmente el entramado de los Peñaflor perteneció este documento, pero un estudio superficial de las filigranas del papel utilizado en el Cancionero ha revelado una coincidencia significativa con documentos de la familia Aguayo, cuyo mayorazgo quedó anexionado a la casa de Cortes de Graena en los primeros años del siglo xvii. Precisamente, ésta fue una época de máxima expansión, cuando los linajes de Henestrosa, Barradas y Vélez de Guevara adquirieron respectivamente las villas de Peñaflor (Sevilla), Graena (Granada) y Quintanapalla (Burgos) siendo rápidamente promovidos a la nobleza de título como Marqueses de Peñaflor (1664), Cortes de Graena (1683) y Quintana de las Torres (1660).

Que se sepa, ninguna de estas familias llegó a contar con capilla musical propia ni con músicos a su servicio, pero hay pruebas ciertas de que la música formó parte de los intereses, la educación y el ocio de estas estirpes nobiliarias a lo largo de toda su existencia. Por ejemplo, en los comienzos del siglo XVI y dentro de la futura casa de Peñaflor, descubrimos los enigmáticos orígenes familiares de un músico tan relevante como Luis Venegas de Henestrosa que fue un hijo segundón -el quinto entre nueve- de Juan Fernández de Henestrosa (?1522), sexto señor de Turullote y regidor de la ciudad de Écija, y Ana de Aguilar Ponce de León (de la familia de los Duques de Arcos). Y en el siglo XVIII, cuando se edificó el palacio de los Marqueses de Peñaflor en Écija, la música ocupó parte importante del programa iconográfico barroco de exaltación de la fiesta, pintado en la fachada por Antonio Fernández entre 1764 y 1765. Los mismos marqueses que edificaron el palacio, construyeron en Peñaflor el Convento de San Luis del Monte dotándole de un órgano de Juan Chavarría (1753) y consiguieron que en 1771, en agradecimiento por los servicios prestados a la Corona, Carlos III elevara su título a la categoría de Grande de España. Sin embargo, conviene insistir en que, a diferencia de casas ducales como Arcos, Osuna o Medina-Sidonia, ni siquiera en este tiempo, los Marqueses de Peñaflor ni los de Cortes de Graena tuvieron músicos propios y, cuando se fundamentó la futura unión de estos dos marquesados con una doble boda celebrada en 1768, se tuvo que contratar un grupo de músicos del Regimiento de Alcántara así como un tiple y un tenor de Córdoba. No ocupando entonces lugar dentro del marquesado como institución, la música era fundamentalmente una marca de la educación nobiliaria y un entretenimiento ameno. Y es así precisamente -como un elemento del entretenimiento familiar- como nosotros entendemos el "Cancionerillo de Écija".

A diferencia de otras fuentes de polifonía del entorno de 1600, el "Cancionerillo de Écija" no es una antología profesional ni una colección poético-musical de tipo sistemático; es un cuaderno de uso doméstico con unos contenidos misceláneos dentro, no obstante, de lo que era más común y, a la vez, más actual en la época en la que se compiló. Está formado por cuatro cuadernillos cosidos, escritos por una misma mano: en el primero está arrancada la segunda página y al cuarto le faltan las dos últimas. Los contenidos de cada cuadernillo demuestran cierta consistencia: en el primero, todas las poesías menos un romance llevan notación musical; el segundo comienza con tres páginas de adivinanzas ("enigmas") y se cierra con cinco páginas de poesías con música; el tercero son romances sin notación musical, y el último, también carente de música, está integrado por octavas y romances de temática religiosa. La mezcla de poesía para cantar y para leer, de tema religioso y profano, y carácter jocoso y serio, configura una fuente plena de interés a pesar de su brevedad.

La parte musical consta de una docena de composiciones a dos y tres voces -las once que se interpretan en este concierto y una más de la que sólo se conserva el inicio en lo que queda de la página arrancada del primer cuadernillo- entre las que se encuentran representadas las principales formas de este repertorio: cinco romances sin estribillo, cuatro letrillas y tres romances con estribillo que ejemplifican tres formas distintas de relación entre estribillo y romance. Ocho de estas piezas son únicas y cuatro concordantes con las fuentes más importantes de los albores del repertorio como son el "Cancionero de Turín" (No lloréis casada, la letrilla que se encontraba en la página arrancada), "Romances y letras" (Arriba, gritaban todos), "Romancero chigiano" (Crudo amor, Fortuna ingrata) y "Cancionero poético-musical hispánico de Lisboa" (De las riberas del Tajo). Aún en el caso de las concordancias, el "Cancionerillo de Écija" presenta variantes interesantes o versiones diferentes. La variedad de texturas, formas, modos y estructuras rítmicas, confiere finalmente a esta pequeña colección, que va a volver a sonar hoy después de tantos años de olvido, una riqueza particular, ejemplo muy temprano del vigor de un género -el del romancero nuevo- que iba a causar furor durante varias décadas.

Aunque en el "Cancionerillo de Écija" no hay evidencia alguna de la intervención de instrumentos en la práctica de este repertorio, lo cierto es que abundan en otras muchas fuentes y hoy se da por segura la participación instrumental en esta música. Así, por ejemplo, mientras nuestro cancionero da una versión a tres voces del romance Crudo Amor, Fortuna ingrata, el "Romancero chigiano" presenta una versión más completa del texto acompañado de "alfabeto" (letras que expresan los distintos acordes de guitarra con los que se acompañaba el canto). Es muy posible que esta forma de interpretación a solo con acompañamiento de guitarra fuera la manera más común de difusión de estas canciones. En este concierto, el canto a solo se ejemplifica con tres piezas impresas en colecciones de principios del siglo XVII: Pasaba Amor su arco desarmado y Vuestros ojos publicadas por Robert Dowland -hijo del célebre laudista inglés John Dowland- en A Musicall Banquet (1610), y Dígame un requiebro del Libro segundo de tonos y villancicos a una, dos, tres y cuatro voces con la Zifra de la Guitarra Espannola a la usanza Romana (1624), publicado por Juan Arañés en Roma. Pasaba Amor su arco desarmado aparece en el Libro tercero de la Diana de Jorge de Montemayor, manual de urbanidad y obra de cabecera de toda la nobleza española desde su publicación a mediados del siglo XVI. Montemayor pone el canto en boca de la desdichada pastora Belisa, penando de amores y sentada en una fuente amena de un cerrado bosque con otras pastoras:

"...una de aquellas amigas mías, bien descuidada del amor que entonces a mí me hacía la guerra, me importunó, so pena de jamás ser hecha cosa de que yo gustase, que tuviese por bien de entretener el tiempo cantando una canción. Poco me valieron excusas [...] y al son de una zampoña que la una de ellas comenzó a tañer, yo triste comencé a cantar estos versos: Pasaba Amor su arco desarmado...".


La propia Belisa, Silvia, Sara, Fílida, Silvano, Lisardo y Lisarda, serranas y pastores anónimos, son personajes que cruzan y crecen -entre Amor, Fortuna, celos y suspiros- por la lírica del entorno de 1600, y afloran en el "Cancionerillo de Écija" donde, curiosamente, se observa un tema predominante: las quejas del amante por la ingratitud de la amada. Cosas que siempre entretuvieron a los hombres.

Notas y agradecimientos
El trabajo de transcripción y estudio de este Cancionero se inició con una Ayuda a la Investigación concedida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y se concluye ahora en el marco del Proyecto de Investigación subvencionado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, Dirección General de Investigación (HUM2006-00438) "El mundo musical urbano en la corona de Castilla (Producción, difusión y recepción. Siglos XV al XVII): Madrid, Sevilla, Valladolid".

A Marina Martín Ojeda, Archivera Municipal del Ayuntamiento de Écija, agradecemos su atención y ayuda durante nuestra investigación en el Archivo Municipal. Es la autora, junto a Ana Valseca Castillo, del libro que desvela y desentraña por primera vez la historia de los marqueses de Peñaflor: Écija y el Marquesado de Peñaflor, de Cortes de Graena y de Quintanilla de las Torres (Écija: Ayuntamiento, 2000).

José Luis Romanillos y Marian Harris tuvieron la amabilidad de poner en nuestro conocimiento la existencia de este documento. José Antonio Gutiérrez Álvarez, becario de FPU de la Universidad Complutense, como tantas veces con tantas cosas, nos ayudó realizando la edición informática de la música. Javier Marín nos ha ofrecido la oportunidad de culminar el trabajo dando a conocer toda la música del "Cancionerillo de Écija" en el marco del Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza. A todos ellos, mi más sincero agradecimiento.

TEXTOS

A mi tormento cruel
Estribillo
A mi tormento cruel
imposible es hallar medio,
que ha de ser fuego el remedio
y es nieve la causa de él.

Coplas
Cuando ya la medicina
no es de provecho al doliente,
es un presagio evidente
de que a la muerte se inclina.
Mi dolor será cruel
pues de aplacarle no hay medio,
que ha de ser fuego el remedio
y es nieve la causa de él.

Para el veneno mortal
hay remedio saludable,
mas a mi mal incurable
el remedio es mayor mal.
No hay remedio más fiel
que el morir, ni hay otro medio,
que ha de ser fuego el remedio
y es nieve la causa de él.


Silvia, pues de mí triunfáis
Estribillo
Silvia, pues de mí triunfáis,
de tan presciosos despojos,
volved, señora, los ojos
pues que mirando matáis.

Coplas
Favoresced un rendido
pues de ello os toca la gloria
que lo que hace la vitoria
es el valor del vencido
y, si vos me desdeñáis,
poco es el triunfo y despojos,
volved, señora, los ojos
pues que mirando matáis.


Pasaba Amor su arco desarmado
Pasaba Amor su arco desarmado,
los ojos bajos, blando y muy modesto;
dejábame ya atrás muy descuidado.
Cuán poco espacio pude gozar esto.
Fortuna, de envidiosa, dijo luego:
«Teneos, Amor; ¿por qué vais tan presto?»
Volvió de presto a mí el niño ciego,
muy enojado en verse reprehendido
que no hay reprehensión do está su fuego.
Ay prados, bosques, selvas, que criastes,
tan libre corazón como era el mío,
porque tan grave mal no te estorbastes.


A mi tormento cruel
Los ojos vuelve a Beliza
clipsados por un desdén
porque a un corazón ingrato
le entregó un pecho fiel.
Derriba el cabello de oro
sobre su frente, que fue
de mil inocentes almas
un riguroso juez.
Por cualquier parte del prado
do estampa el hermoso pie,
va sembrando tierno aljófar
para enriquecer su fe.
Lleva, de fieltro, un pellico
pespuntado a lo francés
y de azul, verde y leonado,
listones de tres en tres.
Un faldellín verde oscuro
que en su color da a entender
que se acaba la esperanza
y es lo negro el parabién.
Lleva unas letras bordadas
que, entendidas al revés,
dise: «soy cuerpo de un alma
ingrata como cruel».
Llegó la pastora hermosa
a la sombra de un almés
para tapar con sus ramos
[...] que se va a poner.
Dise: «mal hubiese amor
quien te me dio a conocer
pues hoy me tienes rendida
ciendo fortaleza ayer.
Mal haya la selva umbrosa
y el fresco y verde laurel
donde mi pastor resiste
el fuego, estando sin él.
Las flores blancas y azules,
que el prado suele ofrecer,
se tornen secos abrojos
cuando los vaya a coger.
Tórnense las fuentes turbias
cuando mirándose esté
y a la más fiera del campo
imite en el parecer.
No halle, en el seco estío,
sombra que le dé placer,
ni en el invierno llovioso
no tenga do se valer.
No tenga quien de él se acuerde
en su mayor pretender
y, cuando piedras buscare,
se levanten contra él.
El lobo, ladrón astuto,
entre su cerdosa piel,
sepulte sus ovejuelas
y él mirándolas esté.
Y, cuando sus esperanzas
estén en mayor placer,
se marchiten con la luna
cuando las vaya a coger».

El rabioso mal de celos
El rabioso mal de celos
y las esperanzas largas
son las causas, mi señora,
que muera en tierras extrañas.
Y el ver que mi fe se anega
en el mar de tus mudanzas
y guarneces tus favores
con lisonjeras palabras.
Cáusanme temor tus ojos
que son ladrones de casa
y roban al más astuto
y aún a Alejandro avasallan.
Tus pechos me dan tormento,
y los indicios me acaban
si tantos competidores
no desengañan y engañan.
Certifícame su lema
que te pasean y agradan
muchos granadinos moros
de capellar y almalafa.
Danme, los que pasan, pena
si miran a tus ventanas,
cuánto y más saber te sirven
morillos de sangre baja.
Atorméntame el cegrí
que te visita y regala.
Aunque tu fe me asegura,
con su pretención me mata.
Deshácesme la memoria
y la vida se me acaba
porque otro moro atraviese
los umbrales de tu casa.
Yo suspiro en mi aposento,
él ríe en el tuyo y canta.
Agravios, mi Zara, son
que ofenden mucho a quien ama.
No tengo ningún sociego
en campo, ciudad, ni casa
viendo que está mi enemigo
ciempre en tu torre y alcázar.
La venganza de esto obliga
al que hace cosas tan claras
de darle continuo guerra
al que de tu paz me aparta.
Cecen mis querellas tristes
que me atormentan y cansan
y me acaban el sentido
y la vida se me acaba.
Todas estas cosas y otras
de no verte han cido causa
pero tu vista amorosa
las borra, olvida y aparta.
Y perdona, Zara mía,
si lo que he dicho te agravia
que no son palabras mías
sino del coraje y rabia.
Que bien entendido tengo
lo que me quieres y amas
pero el verdadero amor
aborrece, teme y calla.
Y ese que allá, en prendas, tienes
en fe de aquesta palabra
la doy por mi fiadora
de que no te saldrá falta.
Y así, Zara de mis ojos,
te suplico que no caiga
de tu memoria el cauptivo
que cautivaste en Granada.


Vuestros ojos tienen
Vuestros ojos tienen
de amor no sé qué,
que me hielan, me roban, me hieren,
que me matan a fe.
¿Por qué me miráis
con tanta aflicción,
y a mi corazón,
me aprisionáis?
Que si vos me miráis
yo os acusare.


Entre mortales suspiros
Entre mortales suspiros
que impiden el aire el paso
cuenta Fílida sus quejas
a las corrientes del Tajo:
«¡Ay, que en el mar de mis ojos,
el alma se está anegando!».
Lloraba la pastorcilla
las mudanzas de Silvano
y la poca que sus males
hacen en tan largos años.
«¡Ay, que en el mar de mis ojos,
el alma se está anegando!».
Dise: «si vivo engañada,
ya me sustentan engaños
que a quien engaños dan vida
acaban los desengaños.
¡Ay, que en el mar de mis ojos,
el alma se está anegando!
Aquí veréis lo que puede
un amoroso cuidado
que lo que a un alma ofende
halla otra por descanso.
¡Ay, que en el mar de mis ojos,
el alma se está anegando!
Acuérdome que algún día,
con falso pecho, Silvano
pintó por imagen suya
el dolor que ahora paso.
¡Ay, que en el mar de mis ojos,
el alma se está anegando!
Disiendo que a sus ofensas
di principio y pude dallo,
tan a mi costa, que el mal
disen que muriendo acabo.
¡Ay, que en el mar de mis ojos,
el alma se está anegando!».


Crudo amor, Fortuna ingrata
Crudo Amor, Fortuna ingrata,
mentirosa y fementida,
mal logradas esperanzas
larga fe no agradecida,
sospechas e inconvenientes
de mis glorias homicidas,
confuso caos de pasiones,
tormentos, ansias, fatigas,
mar tempestuoso y llanto
a do se anega mi vida
bajío de perdisción
Caribdis furioso y Çila
¿Cómo es posible que a un triste,
sin defensa y de vencida,
tan poderosos contrarios
contra él se hagan liga?
De noche, las largas horas,
y de tormento los días,
de tus desdenes, los años,
los siglos de mis desdichas.
Todos los paso, señora,
tras una fe que me anima
a pretender lo imposible
que es imposible mi dicha.
Llevo a cuestas mi tormento
y, por curar una herida,
otras mil de nuevo cobro
que a cierta muerte me guían.


Serrana que en el ejido
Serrana que en el ejido
tienes ganado y apero,
si te duele algún perdido,
ganado y perdido vengo.
No es mucho deje su tierra
el que viene a ver el cielo,
antes tengo a gran ventura
gozar tan divino trueco.
Ciudadano soy, amiga,
mas por ser cerrano muero.
Crieme orillas de Xúcar,
nascí en Cuenca entre dos cerros,
donde me prendió una dama
ciendo tierno para preso,
aunque la cárcel de amor
no es para ancianos ni viejos.
Cauptiváronme los ojos,
fueron cadena cabellos,
seis meses estuve en ella,
ojalá estuviera ciento.
Tan bien me huelgo estar preso
que me pesa de estar preso.
Imbidia tengo al que queda
si le dan mi sitio y puesto.
Señora, ¿qué me respondes?
No sé si estás en mi puesto.
Ya te he contado mi pena
si puede contalla un muerto.
Perdido llegué a tu choza,
no vuelva perdido y preso.
Tú me privaste la vista,
a ti te pido el remedio.
No me dejes en el campo
batallando con Deseo
que es fuerte competidor
y andan en su ayuda Celos.
Cerrana, no me aborrescas,
quiéreme pues que te quiero.
Acaba, responde, diosa,
que en eso está mi remedio.


De las riberas del Tajo
De las riberas del Tajo
se despide un pastorcillo
que, un tiempo, de los zagales
fue por mayoral tenido.
Destiérrale una mudanza
que vio en un pecho fingido
de una ingrata que es su gloria,
aunque de ella aborrecido.
Deja el regalado alberge
de la chozuela y aprisco
y desampara el ganado
que un tiempo fue de él querido.
Otro dueño quiere dalle,
que el que llora un bien perdido
mal puede guardar ganado
y tener cuenta consigo.
Sólo un pellico ha tomado
que de negros corderillos
hizo para las obsequias
que son de su mal testigo.
«Ay -dice el pobre pastor-
que me vi favorescido
de un pecho que, a ser leal,
fuera en el mundo temido.
Privome de aquesta gloria
un pastor advenedizo
que de los pasos de Osuna
a los de Córdoba vino.
Puso los ojos en él
aquella que soy testigo
que un tiempo llamaba soles
a los desdichados míos.
Favoreciole la ingrata
y dejole enriquecido
y a mí en pobre diome el alma
con sólo echarme en olvido».


Injusta ley es la tuya
Estribillo
Injusta ley es la tuya,
fiero Amor, pues que me obliga
que a quien me aborrece ciga
y de quien me cigue huya.

Coplas
Siendo dios, eres cruel,
llámante amor y eres muerte,
en dar tormento eres fuerte,
en dar gusto, más que hiel.
Mi voluntad haces tuya
y, por ser tuya, me obliga
que a quien me aborrece ciga
y de quien me cigue huya.

Querer y no ser querido,
ser querido y no querer,
claro es que no puede ser
sin ser amor ofendido;
pero al fin la ley es tuya
y es razón, pues que me obliga:
que a quien me aborrece ciga
y de quien me cigue huya.

Yo soy esclavo y tú el rey,
yo el cautivo y tú el señor,
y pues eres vencedor
ya tu voluntad es ley;
que aunque mi gusto destruya
tu mandamiento me obliga:
que a quien me aborrece ciga
y de quien me cigue huya.


A bailar, a bailar muchachas
A bailar, a bailar muchachas
que enseña el amor mudanzas.
Muchachas las que tenéis
experiencia de ventanas
mirando de noche estrellas
que envidian a vuestras casas,
venid, veréis que el amor
enseña dos mil mudanzas
bailadas con intereces,
tañidas con esperanzas.
Las que sois la primavera
de floridas esperanzas
y al tiempo de dar el fruto
con nieve abrasáis las plantas,
venid, aprended primores
que enseña de buena gana
y en premio darán un tres
para que juguéis en casa.
Las que tenéis en los ojos
la piedra imán de las almas
y dais de noche convites
de voluntad y palabras
poniendo en los corazones
de los amantes más alas
que lanzas quebraba Muza
cuando jugaba las cartas.
Las que tenéis en el rostro
de nieve, perlas y grana
matizada una divisa
conque aprisionáis las almas,
venid, veréis como el niño
con sola una cuerda enlaza
los trastes de su bigüela
para engañar las que bailan.


Dígame un requiebro
Estribillo
Dígame un requiebro,
galán amador;
dígame un requiebro,
dígame un amor.

Coplas
De cabellos de oro
tejido en cordón,
estaba una niña
que me cautivó.
Viéndome la niña
con tal turbación,
me dijo soltando
la trenza y la voz.
Dígame un requiebro,
galán amador;
dígame un requiebro,
dígame un amor.

Pero con los ojos
hacía su blanco,
Atiné cual ciego
por el resplandor.
Lleguéme por ver
más de cerca el sol
y caí abrasado,
cual otro Faetón.
Dígame un requiebro,
galán amador;
dígame un requiebro,
dígame un amor.

Su voz y palabra
tal vista me dio.
Milagro pues hizo
por su boca amor.
Viéndome mortal
y ancho el corazón,
di un suspiro al aire
que al cielo llegó.
Con otro la niña
al mío llegó,
diciendo corrida
si tan linda soy
Dígame un requiebro,
galán amador;
dígame un requiebro,
dígame un amor.


Arriba gritaban todos
«¡Arriba!», gritaban todos
los que dan asalto a Baza,
con el valiente Lizardo
que con mil moros le asalta.
Cuando el pie en la escala pone,
como amor le mueve el alma,
por decir «viva mi rey»
dice al subir de la escala:
«¡Viva Lizarda, viva!»,
mas luego vuelve y dice: «¡arriba, arriba!»
Pesan más sus pensamientos
que el acero de sus armas.
Son más altas sus memorias
que las almenas más altas.
Dio la lengua a su deseo
como el deseo le manda
y dijo a vuelta de aquellos
que a sus espaldas gritaban:
«¡Viva Lizarda, viva!»,
mas luego vuelve y dice: «¡arriba, arriba!»
¿Pero que muncho que el moro
si vive con la esperanza
de que Lizarda vivía,
pida que viva Lizarda?
Seña es que del corazón
no hay vez que pueda alcanzalla.
Son sus ancias sus memorias
y así publica sus ancias:
«¡Viva Lizarda, viva!»,
mas luego vuelve y dice: «¡arriba, arriba!»
Como era viva la voz
pensó que al cielo llegara,
al cielo de la que adora
y por su cielo la llama.
Piensa que a Lizarda aspira
y no que asaltaba a Baza
y en medio de esta vitoria
así publica en voz alta:
«¡Viva Lizarda, viva!»,
mas luego vuelve y dice: «¡arriba, arriba!»

Curriculum Intérprete


JUAN CARLOS DE MÚLDER, DIRECTOR. Nace en Lima y estudia en los conservatorios de Madrid, La Haya y Toulouse. Ha trabajado como continuo en producciones de ópera barroca y oratorio bajo la dirección de Ph. Herrewege, J. C. Malgoire, Nigel Rogers, Jordi Savall y Eduardo López Banzo entre otros. En el campo de la música de cámara ha colaborado con Albicastro Ensemble, Hesperion XX, La Romanesca y Orphenica Lyra y actualmente colabora con grupos como Speculum, Al Ayre Español, Accademia del piacere, La Folía, Trulla de Bozes, Real Cámara, etc. Ha realizado más de 40 grabaciones de música antigua desde el Medievo al Preclasicismo. Ha compuesto música para la Compañía Nacional de Teatro Clásico (Misántropo-Moliere, La vida es sueño-Calderón) y Una noche con los Clásicos-Marsillach y recitales de poesía y música con Carlos Hipólito, Arturo Querejeta, M. Jesús Valdés, Adolfo Marsillach y Amparo Rivelles. Actualmente compagina su trabajo en diversos grupos de cámara con la dirección del grupo Camerana Iberia con el que ha grabado: Songs and Dances from the Spanish Renaissance (MA Recordings Japó, 1996), Música en torno al teatro de Calderón (Jubal Prod. 2000), Barroco del Perú (Alma Records) y La Spagna (Verso). Como solista de vihuela ha grabado El Maestro-Luys Milán (RTVE) y Fantasías y diferencias (Fonti musicali). Ha dado clases en la Universidad de Salamanca y es profesor de instrumentos antiguos de cuerda pulsada en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid desde abril de 2005.


CAMERATA IBERIA. Liderada por Juan Carlos de Mulder e integrada por algunos de los más reconocidos intérprete de música antigua de nuestro país, Camerana Iberia ha escogido la música Española del Renacimiento y del Barroco como punto de encuentro de diversas cultu-ras musicales. El Siglo de Oro de la música española trasciende fronteras e influye inequívocamente sobre el quehacer musical del resto de las grandes escuelas europeas. La creatividad se traduce en contrastes: el lenguaje claro y directo de los diversos cancioneros, la polifonía contrapuntística para arpa, tecla o vihuela y la virtuosa técnica de las glosas instrumentales que hacen surgir de la sencilla danza o canción y el oculto poder del intérprete de crear nuevamente la música. La crítica ha dejado constancia de los éxitos de Camerata Iberia en numerosos festivales europeos entre los que cabe destacar: Utrecht Early Music Festival, Wiener Konzerthaus, Quincena Musical Donostiarra, Museo del Prado, etc. Sus dos discos compactos, Songs and Dances from the Spanish Renaissance (MA Recordings Japón, 1996) y Música en la época de Calderón de la Barca (Jubal Prod. 2000), han recibido grandes alabanzas por parte de la prensa especializada. Su último título, La Spagna, da cuenta del repertorio que emergió de las cortes europeas del nuevo Renacimiento. Este trabajo es un encargo de la Comunidad de Madrid con motivo del centenario de Felipe El Hermoso.

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