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Edición 2002

Concierto


Monográfico "Rodrigo de Ceballos"

Lugar


Auditorio del Hospital de Santiago (ÚBEDA)

Fecha


30 de noviembre de 2002

Director


DOMINIQUE VELLARD

Intérprete


ENSEMBLE GILLES BINCHOIS

Componentes


Foto de componentes

ANNE-MARIE LABLAUDE, soprano
CHRISTEL BOIRON, mezzo
JOSE HERNANDEZ PASTOR, alto
JOSEP BENET, tenor
GIUSEPPE MALETTO, tenor
DOMINIQUE VELLARD, tenor
JOEL FREDERIKSEN, bajo
JACQUES BONA, bajo

Programa


LAMENTACIONES
Et factum est / Aleph Quomodo sedet sola
In monte olivetti
Aleph-Quomodo obtexit caligine

MOTETE
Posuerunt super caput ejus.

MISSA TERTII TONI
Kyrie-Gloria-Credo-Sanctus-Agnus.

MOTETE
Salve Regina

VISPÈRAS DE DOMINGO
Deus in Adjutorium
Salmo: Dixit Dominus-4º tono.
Salmo: Laudate Pueri-8º tono.
Himno: Conditor alme siderunt.

MAGNIFICAT

MOTETE
Deo Dicamus gratias.

Notas programa


Javier Marín López


"Estaba el gran Ceballos, cuyas obras dieron tal resplandor en toda España". En estos elogiosos términos se refirió el poeta Vicente Espinel en sus Diversas rimas (Madrid: Luis Sánchez, 1591) a este compositor sevillano (Aracena, ca. 1530; Granada, 1581). La fama de Ceballos no sólo queda acreditada por el encomiástico testimonio de Espinel, sino por la circunstancia misma de que su obra se halle dispersa por numerosos archivos españoles, portugueses e hispanoamericanos, rivalizando en fama con Cristóbal de Morales o el mismísimo Francisco Guerrero. El concierto de esta noche, dedicado íntegramente a la producción de este singular músico, nos permitirá deleitarnos con algunos ejemplos de polifonía sacra del siglo XVI, época conocida con el nombre de "Siglo de Oro" de la música española y comprobar, conjuntamente, si Ceballos fue tan 'grande' como Espinel y sus contemporáneos lo advirtieron.

La carrera musical de Ceballos, conocida gracias a los sistemáticos trabajos de Robert Stevenson y Robert Snow, puede considerarse prototípica de la movilidad de un músico catedralicio en el Andalucía moderna. Conviene aclarar primeramente que hubo varios compositores activos durante el siglo XVI apellidados Ceballos e integrantes de una misma familia. Rodrigo 'el joven' (para distinguirlo así de un homónimo, 'el viejo', activo de Burgos como maestro de capilla a principios de ese siglo) fue el más importante de todos ellos. Su carrera, inicialmente ligada a la catedral de Burgos, se desarrolló íntegramente en cuatro catedrales andaluzas: Sevilla (copista de libros de música, 1553; cantor tiple, 1554-56), Málaga (opositor a maestro de capilla por la muerte de Morales y la renuncia de Guerrero, 1554), Córdoba (maestro de capilla, 1556-61) y Granada (maestro de capilla en la Capilla Real, 1561-81). En todos estos archivos se conservan obras suyas. Desde el punto de vista compositivo, la producción de Ceballos no es de las mayores, pero alcanza la nada despreciable cantidad de unas 80 obras (treinta y nueve motetes, tres misas, ocho salmos, seis himnos, nueve magnificats y siete obras seculares). La edición de sus obras completas está afortunadamente a punto de completarse gracias al Centro de Documentación Musical de Andalucía.

Sin embargo, lo más curioso de Rodrigo de Ceballos no fue su vida, ni más ni menos anecdótica que la de cualquiera de sus colegas contemporáneos, sino la inexplicable difusión que alcanzó su música. Casi cincuenta manuscritos musicales conservan la producción del hispalense, conocida no sólo en catedrales andaluzas (Baeza, Jaén, Sevilla, Málaga, Granada, Guadix, colegial de Baza y Córdoba), sino también en otros puntos geográficamente más alejados como Toledo, Valladolid, Ávila, Segovia, Huesca, Santiago de Compostela, Pamplona, Zaragoza, en la vecina Vila Viçosa (Portugal) e incluso en las posesiones españolas de ultramar: Puebla (México), Santiago de Guatemala (Guatemala) y Bogotá (Colombia), fundamentalmente. Por esta circunstancia, Ceballos fue uno de los escasos compositores españoles de la segunda mitad del siglo XVI que pudo hacer sombra a la popularidad de Francisco Guerrero, contando con la notable desventaja de que toda su producción se difundió de forma manuscrita y no con la ayuda de impresos, como ocurre con Guerrero y otros compositores.

La velada de hoy se inicia con dos lamentaciones copiadas ambas en un manuscrito de la catedral de Valladolid y compuestas para interpretarse en el primer nocturno de los Maitines del Jueves y Viernes Santo respectivamente. El texto de las lamentaciones polifónicas consiste en una selección del extenso poema elegíaco de Jeremías, conservando en su traducción latina el nombre original de las letras en hebreo. En ellas se narra la necesaria redención de Cristo de los pecados de la humanidad. Hasta el momento sólo se conocen estas dos lamentaciones de Ceballos (Et factum est postquam y Aleph. Quomodo obtexit), ambas a cuatro voces y ambas con ciertos rasgos compartidos pero no exclusivos del autor: incorporación las letras Aleph, Beth, Ghimel, que son tratadas con un estilo melismálico más elaborado que el resto del texto; reducción ocasional de la textura, siempre contrapuntística, a tres voces (SAT), tal y como ocurre en las frases Migravit Juda propter afflicionem en el caso de la primera lamentación y Confregit in ira furoris en la segunda; y empleo de las melodías características de tradición hispana que se apartan de la escuela romana.

El motete, al igual que ocurre en Guerrero, ocupó una posición central en la obra de Ceballos, pues la mitad aproximadamente de su producción conservada son motetes. Como ejemplo arquetípico del estilo musical que exhiben sus motetes, escucharemos Posuerunt super caput ejus. El motete se interpreta en el Domingo de Ramos y el texto es, en realidad, una laudatoria aclamación a "Jesús de Nazaret, rey de los Judíos" (Jesus Nazarenus Rex Judaeorum), palabras insistentemente repetidas en la sección central del mismo, y a continuación de las cuales se presenta una contrastante sección homofónica de carácter dramático donde se rubrica que "en el nombre del Señor todos se arrodillan". La obra es perfectamente arquetípica del estilo musical que exhiben sus motetes.

Pocas obras alcanzaron en el siglo XVI la popularidad de la siguiente obra que hoy escucharemos de Ceballos, la Misa Tertii toni, o así al menos parece acreditarlo unas trece copias que de ella se conservan, la más cercana en la catedral de Jaén, y la más lejana en un manuscrito copiado en la parroquia indígena de Jacaltenango, en la esquina noroeste de la actual Guatemala (antiguo Virreinato de la Nueva España). Como es tradicional desde el Renacimiento, se ponen en polifonía las cinco partes del Ordinario (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei). La misa se ajusta perfectamente a lo que modernamente se considera como 'misa cíclica', esto es, una composición cuyos diversos movimientos aparecen unificados por un motto o motivo de cabeza que emana al inicio de cada uno de ellos. El motivo, parece que fruto de la invención del propio Ceballos y sin relación alguna con una melodía preexistente, se compone de las notas mi-fa-mi-do-re-mi, aparece insistentemente a lo largo de los movimientos, con ligeras variantes rítmicas. Las entonaciones que preceden al Gloria y al Credo están tomadas de un cantoral monódico de la Capilla Real de Granada, donde Ceballos ejerció su magisterio veinte años y compuso seguramente esta misa. Esta misa es una de las tres que hasta el momento se han localizado del autor, aunque debió componer más.

Aunque el Salve Regina es, en sentido estricto, una de las cuatro antífonas para la Virgen María, la mayoría de los compositores renacentistas, incluido Ceballos, le dieron un tratamiento motetístico. Sus cuatro secciones polifónicas alternan con cinco monódicas, en el característico alternatim de parte del repertorio polifónico en latín. El canto monódico empleado por Ceballos es, al igual que en el caso de las lamentaciones, de tradición hispana. La popularidad de esta pieza alcanzó Nuevo Mundo, pues se copió en un libro de polifonía de la catedral de Bogotá.

Las obras que restan forman parte del servicio de Vísperas para los Domingos, tal y como pudo haber sonado cualquier Domingo al atardecer en la Capilla Real de la cercana Granada. El servicio se iniciaba con el versículo monódico Deus in adjutorium seguido del responso (en este caso también monódico, aunque su musicalización polifónica fue también frecuente) Domine ad adjuvandum me. El grueso del servicio estaba constituido por un número variable de salmos con sus antífonas. En este caso escucharemos dos de los más compuestos por los polifonistas andaluces, con once versos cada uno de ellos: Dixit Dominus (salmo 109) de 4º tono y Laudate Pueri (salmo 112) de 8º tono, si bien hoy los oiremos desprovistos de las tradicionales antífonas. También solían formar parte del servicio del Vísperas los himnos; de entre los seis himnos conocidos de Ceballos, se ha escogido el Conditor alme siderum, interpretado en Adviento. El magnificat era otra pieza indispensable que no podía faltar en el servicio de vísperas de cualquier catedral hispana. Su importancia fue tan grande que muchos compositores produjeron ciclos de dieceiseis magnificats (ocho con polifonía en los versos pares y monodía en los impares, y otros ocho al revés, con polifonía en los versos impares y monodía en los pares). El primer compositor realmente internacional que compuso (y además imprimió) un ciclo de estas características fue Cristóbal de Morales, gracial al cual el género se convirtió en inevitable para los que querían ser considerados 'grandes'. Ceballos también participó de esta moda renacentista de la composición de ciclos de magnificats y produjo su propio ciclo, conservado íntegramente y en copia única en la catedral de Bogotá. El servicio de vísperas, y también el concierto de esta noche, se cerrará con otro motete, el Deo dicamus gratias, que es, en realidad, una versión polifónica que hace las veces de respuesta del versículo "Benedicamus Domino" (Bendigamos al Señor). Lo usual en el Renacimiento es localizar piezas polifónicas precisamente del Benedicamus Domino, y no de la respuesta (Demos Gracias a Dios), reservada al canto monódico.

Terminaremos estas notas como las iniciamos, con una cita, en este caso del erudito Robert Stevenson, quien afirmó: "Morales supo ser más profundo, Guerrero más suave y sensual, Victoria más elevado. Pero ninguno de ellos supo ser tan ingenuamente encantador como lo fue Ceballos". Ojalá el concierto de esta noche nos cautive con su encanto y también con su grandeza.

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