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Edición 2002

Concierto


La guitarra española del siglo XVII

Lugar


Auditorio de las Ruinas de San Francisco (BAEZA)

Fecha


1 de diciembre de 2002

Director


Intérprete


HOPKINSON SMITH

Componentes


Foto de componentes

Programa


I
(Laúd)

Anthony Holborne (... - 1602)
Fantasy
Galliard
Mad Dog

Pavan
Galliard
Muy Linda

John Jonson (... - 1594)
Pavan
Carman's Whistle

John Dowland (1562 - 1626)
The King of Denmark's Galliard
Lachrimae
The Earl of Essex, his Galliard

II
(Guitarra barroca)

Gaspar Sanz (ca. 1640 - 1710)
Pavanas con partida al aire español
Folías
Canción
Marizápalos
Tarantela

Francisco Guerau
Canarios

Antonio de Santa Cruz
Jácaras

Gaspar Sanz
Pasacalles en sol menor
Canarios


Los instrumentos son obra de Joel van Lennep

Notas programa


Juanjo Monroy

Durante el siglo XVI, la producción de música para laúd en Inglaterra, fue mucho más tardía que en el resto de Europa, sin embargo, la calidad de sus composiciones así como el alto nivel alcanzado por sus interpretes, suponen uno de los mayores pilares de la música escrita para este instrumento. Será precisamente con los laudistas ingleses, cuando el que actualmente denominamos "laúd renacentista", llegaría a su cenit, dejando paso a un nuevo instrumento con una afinación distinta, con un mayor numero de ordenes, y que definitivamente lo terminaría desplazando a lo largo del XVII, el cual conocemos en la actualidad como "laúd barroco".

Los tres autores que componen la primera parte de este programa, están cronológicamente encuadrados dentro del reinado de Isabel I, y a todos les influirá decisivamente este hecho. Anthony Holborne fue ayudante de cámara de la reina, y aunque no perteneciera a los músicos de la corte, si que tuvo mucha relación tanto con los músicos de palacio como con los cortesanos. John Jonson ocupó el cargo de laudista de la reina desde 1581 hasta su muerte en 1595,en un momento en el que ser músico de la corte representaba lo máximo profesionalmente hablando a que podía aspirar un tañedor de este instrumento. Algo que siempre ambicionó John Dowland y que a pesar de sus esfuerzos, no consiguió, hecho éste, que influyó aún más en el carácter melancólico de sus composiciones.

Las piezas de danza serán ya a partir de éste periodo y bien entrado el barroco, las más características de las utilizadas en la música escrita parar laúd. Las formas contrastantes: Pavana y Gallarda serían el germen de la futura suite. Las fantasías tan utilizadas desde comienzos del XVI, siguen siendo usadas aunque de manera más compleja, así como las piezas con títulos descriptivos como por ejemplo: "Muy Linda" o "Mad Dog de Holborne.

Dowland por su parte, resulta tan imaginativo o más que sus colegas en esto de nominar sus composiciones, y es muy proclive a dedicar sus obras a los aristócratas, cortesanos y reyes, hasta el punto de utilizar a veces la misma pieza cambiándole el titulo, dependiendo de la necesidad del momento. En donde sí que encontramos a un Dowland original y creador, es en su famosa Lachrimae, la cual utilizó para toda una serie de piezas, tanto para laúd sólo, como para conjunto de violas y laúd, o como canción con acompañamiento de mismo, y que tanta aceptación y repercusión tuvo entre algunos autores del momento.

Representa Dowland también la cumbre más alta de una estética que ya en ese momento, al igual que más tarde sucedería con Bach estaba considerada por sus coetáneos como pasada de moda.

La guitarra Barroca, que en su tiempo era conocida generalmente con el nombre de guitarra española, comenzó su andadura probablemente a mediados del XVI, y mantuvo su vigencia hasta bien entrado el siglo XVIII. Dependiendo del gusto personal de cada autor, del país, y del periodo en el que nos ubiquemos, es su afinación reentrante (la nota más grave no está en las cuerdas extremas ), lo que le da un carácter idiomático propio, siendo además su principal signo de identidad, lo que la hace tan peculiar y diferente a los demás instrumentos de cuerda pulsada, y la aleja tanto de la que actualmente solemos llamar "guitarra clásica".

Las numerosas piezas que con nombre propio ( españoletas, jacaras, rujeros, canarios, marizapalos, etc) surgieron durante este periodo, estaban conformadas en general, por una estructura armónica determinada, sobre la cual cada autor utilizaba su ingenio para inventar diferentes variaciones, pudiendo de esta manera, encontrar en casi todos ellos los mismos títulos.

Pese a su nombre de española, este instrumento gozó de una amplia difusión, además de en España, en Francia e Italia principalmente, lugares donde encontramos un vasto repertorio escrito específicamente para él.

A la tablatura, ya usada en épocas anteriores en la escritura para los instrumentos de cuerda pulsada, y que tuvo su continuidad y su fin a lo largo de éste periodo, se suma ahora una nueva invención, atribuida ( aunque con reservas) a Montesardo, y que revolucionará la difusión de la música escrita para este instrumento, ya que simplifica la misma, de manera que la hace mucho más accesible a una gran cantidad de ejecutantes; nos estamos refiriendo al Alfabeto.

El alfabeto consiste básicamente en atribuir una letra a cada acorde de la guitarra. El rasgueo hace su aparición claramente expuesto mediante este sistema, y si en un principio los libros publicados son exclusivamente, bien para rasgueo, bien para punteo, más adelante las publicaciones utilizaran ambas formas .

Un claro exponente de ésto lo encontramos en Gaspar Sanz, que publica su método en 1674, y que tendrá numerosa reediciones. Sanz, que quizás sea en la actualidad el guitarrista de ésta época más conocido, nos muestra las formas más típicas de éste repertorio y que antes mencionábamos, y nos introduce en un mundo en el que la guitarra con todos sus recursos técnicos plenamente desarrollados, ya posee un carácter idiomático propio.

Un ejemplo del diferente tratamiento que cada autor da a la misma pieza, lo encontramos en los vivaces canarios, que podremos escuchar en esta segunda parte y que eran, sin duda una de las formas más apreciadas por los guitarristas de entonces, a juzgar por la gran cantidad de publicaciones en las que están incluidos. Sanz combina hábilmente el recurso técnico de la campanela, los ritmos y las melodías de punteo de una manera más simple en su construcción, mientras que Guerau los recarga haciendo un uso virtuosístico de los ligados de la mano izquierda.

Las jácaras pertenecientes a Antonio de Santa Cruz, incluidas en el único manuscrito que se conserva de este, obra que, pese a la dificultad que presenta para su lectura, dado el pésimo estado de conservación en que nos ha llegado, junto con los errores contenidos en su notación, nos puede servir sin embargo para hacernos una idea de la gran maestría de este autor.

Curriculum Intérprete


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