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Edición 2002

Concierto


ientos y batallas. Música violinística española del XVII

Lugar


Auditorio del Hospital de Santiago (ÚBEDA)

Fecha


7 de diciembre de 2002

Director


Emilio Moreno

Intérprete


LA REAL CÁMARA

Componentes


Foto de componentes

Mariluz Álvarez, soprano

Emilio Moreno, violín
Antonio Almela, violín
José Manuel Hernandez, violoncello
Josep Borrás, bajón
Pedro Estevan, percusión
Juan Carlos de Múlder, guitarra
Eduard Martínez, clave

Programa


¡"Ábrase esa puerta y démonos un verde de música que no haya más que ver"!
(Miguel de Cervantes, "El Celoso Extremeño", 1613)


I
1) "Tomó un italiano rabelejo, tan dulce, que al passar el arco pareció suspender la misma armonía de los cielos y tañó una indezible melodía" (Baltasar Gracián, "el Criticón", 1651)

. La suaue melodia Andrea Falconiero
(de II Primo Libro di Canzone... Nápoles, 1650) (1586-1656)

. Aria "Sosieguen, sosieguen" Sebastián Durón
(1660-1716)

.Tiento Ytaliano a dos tiples Anónimo
(Italian tiento for 2 violins)

2 arias "italianas"
- La Rosa que reina Juan de Navas (XVIIth cent.))
- Corazón que suspiras Sebastián Durón
-
2)"las sonadas españolas, tan divino aire y novedad tienen, que cada día se ve ese milagro"
(Cervantes, La Gitanilla, 1613)


. Sonata in dialogo Pablo Bruna
(1611-1679)


3 arias de la ópera opera "Los Eelementos" Antonio Literes
- Fuego encendido (1673-1747)
- Ay, amor
- Suenen los clarines


2ª PARTE

3) "¡Dios, que siempre haya este ruydo!: / Lisonja tendrá su oido
De concertados violines / Quando toquen los maitines."
(Luys de Góngora, 1615)

"Vadam et citcuibo civitatem" , moctetus diminutus Tomás Luis de Victoria
(1548-1611)


Sonata per fagotto solo Bartolomé de Selma y Salaverde
(de Canzoni, fantasie et correnti...Venecia 1638) (ca.1580-ca.1640)

Tiento de 2° tono Sobre la letanía de la Virgen Pablo Bruna


4) "yo soy las pulgas del infierno... truje al mundo la zarabanda, la chacona, el guineo, la mariona... yo inventé las jácaras... y al fin, yo me llamo el Diablo Cojuelo" ( Luys Vélez de Guevara, El Diablo Cojuelo 1641)

Batalla de Barabaso, yerno de Satanás Andrea Falconiero
(1586-1656)

Sus "inventos": chacona, cumbée, jácaras, canciones y más...

Notas programa


Emilio Moreno

" ...y los instrumentos hacen sus sones
de dulce concepto, de gran melodía.
Tamaño placer mi alma sentía
Que puse en olvido las viejas pasiones..."
(anónimo del círculo sevillano de Pedro de Quirós (+1667))


No sin razón, se ha considerado al Siglo de Velázquez como uno de los momentos más espléndidos y generosos de la cultura española, un instante paradójicamente brillante cuando la más grande Monarquía nunca antes igualada, el Austria española, se desintegra lentamente en su decadencia irrevocable de guerras, aires de crisis y desgobiernos. Es el siglo de Velázquez, pero también de Murillo, Zurbarán o Rivera, de la madurez de Cervantes y Góngora, de Calderón, Quevedo, Gracián y Saavedra Fajardo, cuando todavía resuenan en los templos las músicas incandescentes e incombustibles de los Guerrero y Victoria, muerto el primero el año que Velázquez viene al mundo, el otro en 1611 cuando el pintor entra al taller sevillano de Pacheco para iniciar su formación artística...

Siglo "barroco" por antonomasia, del esplendor de lo efímero, del oropel y la exuberancia, lo es también de la profunda y desencantada amargura de sus artífices, escondido su dolor por Castilla entre los teatrales ropajes de sus personajes y su entorno, por el visible deterioro de una España cotidiana pobre y gris que empieza a constatar la pérdida de ese flujo vital, que en vida de los Austrias Mayores pudo en algún momento haber inflamado las almas de buena parte de los españoles conscientes de su papel dirigente en la escena política, económica y cultural de entonces.

Siglo del teatro por un lado, del poder de la Iglesia por otro, la música encuentra dificultades para decantarse. El Siglo de Velázquez es el de la música en el templo pero también en la escena, el del invento de la zarzuela o teatro musical a la española, aquel cuyos autores, como diría un siglo más tarde Yriarte en su poema "La Música", a diferencia de los italianos,

"¿no miran cuánto se arriesgan
en que cólera española
sufra toda una comedia
cantada?"

Es el siglo de la voz que canta y que habla, del tono humano o el religioso, de la cantada a lo divino o la profana, de los lujosos espectáculos escénicos en los que la música juega un papel primordial en los alcázares reales, sus aposentos y jardines, pero también del desgarramiento en los figones sevillanos, madrileños o de Valladolid. Es el siglo en el que el poderoso mecenas que es la Iglesia financia una actividad a menudo deslumbrante, siempre a su servicio y a expensas de sus necesidades, convirtiendo las naves de sus templos en las mejores salas de conciertos como constata el joven Marcos de Obregón quien llegándose a Córdoba, "fuime a ver la Iglesia Mayor, por oyr la música, donde me di a conocer a algunas personas, assi por acompañar a mi soledad, como por tratar gente de quien poder aprender" (Vicente Espinel, "Vida de Marcos de Obregón", 1618)


Es nuestro programa un intento, junto a algunas licencias temporales tanto hacia detrás como adelante en el tiempo velazqueño, de plasmar en el mínimo espacio de un concierto obras que pudo escuchar Velázquez, quizás no tan melómano como quisiéramos, piezas tanto de la escena, como del templo o las cámaras privadas en las que se hacía música, como aquella famosa deAntonio Londoña en Milán o la aún más de Bernardo Clavijo junto a su hija Bernarda en Sevilla de las que tanto se maravillaba Vicente Espinel. Así, oíremos tonos humanos de inspiración italiana y arias de zarzuela seiscentesca, pero también canciones de mucha más raigambre popular al final del concierto. La parte instrumental, a pesar de incluír obras específicamente escritas para las formaciones que las tañen (la sonate per fagotto solo del agustino Selma, o la Batalla de Falconierio), también lleva una importante parte de especulación y recuperación musicológica a partir de las indicaciones de Hernando de Cabeçon, hijo de Antonio, al publicar las obras de su padre ("Obras de Música para Tecla, Arpa y Vihuela", 1578), cuando dice que de ese libro tambien se podràn aprovechar los curiosos menestriles, pues en él se toparán con muchos motetes canciones y fabordones que ellos tañen...; lo mismo que el illustrissimus Girolamo Frescobaldi, preciso hasta la exasperación, cuando recomienda el uso de sus intavolature di cimbalo et organo o las toccatas, non solo a sonatori di Cimbalo, ma di qualsivoglia sorte di Stromento. De esta manera y a partir de textos de tecla o guitarra, oíremos adaptaciones legitimas históricamente a nuerstros instrumentos convirtiendo, como lo hacían nuestros colegas del XVII, tientos y otras piezas similares en canzonas y sonatas violinísticas de igual valor musical que los originales (el tiento ytaliano anónimo o las dos piezas del organista ciego de Daroca Pablo Bruna). Merece señalar que una faceta casi inédita de la música barroca es el uso de originales vocales como fuente de inspiración para el adorno o diminución instrumental: por ello hemos escogido una de las más bellos motetes de Vitorias para, suplantando el violín la parte del primer tiple y rellenando la tecla el resto de las voces, convertir una obra de profunda religiosidad en una no menos honda y expresiva pieza instrumental Nuestra visión, para acabar, de los "inventos" del demonio, la danza alegre de la calle barroca española, es la misma que haría cualquier músico de entonces cuando quería escapar de la seriedad del templo o la trascendencia de la música especulativa.

Música seria o de regocijo (la música siempre es indicio de regocijo y fiestas, decía el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán en 1599), de iglesia o de sala, hemos intentado que nuestro programa sea un reflejo lo más fiel posible de un repertorio hoy perdido y olvidado que, sin embargo, tuvo que justificar la presencia en la música española de uno de los instrumentos más refinados de toda su historia, el violín, con esas "sonadas españolas, (que) tan divino aire y novedad tienen, que cada día se ve ese milagro" en palabras de Cervantes. Con y sin la voz, para el músico barroco el eslabón entre Dios y el hombre, el instrumento más perfecto porque lo ha inventado Dios y no sus criaturas a partir del mismo hombre y no de la materia inerte, el modelo a imitar por los instrumentos, nuestro programa quiere ser un reflejo de esa música maravillosa que Dios envía al hombre y que el músico español del XVII tan bien entiende incluso cuando se desvincula del templo, pues "la música instrumental de sala, tanto más tiene de dulzura y suavidad, cuanto menos de vocería y ruido; que como el juez, que es el oido, está muy cerca, percibe mejor y más atentamente las especies que envía al alma, formadas con el aplauso de la media voz" (Miguel de Cervantes, "La Gitanilla")

Curriculum Intérprete


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