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Edición 2002

Concierto


El baiyle de los diabolos

Lugar


Auditorio de las Ruinas de San Francisco (BAEZA)

Fecha


6 de diciembre de 2002

Director


Intérprete


L'ASSEMBLÉE DES HONESTES CURIEUX

Componentes


Foto de componentes

Amandine Beyer, violín barroco
Alba Roca, violín barroco
Chiao-Pin Kuo, clave
Rafael Bonavita, tiorba y guitarra barroca
Baldomero Barciela, viola da gamba

Programa


I

Andrea FALCONIERI (1585-1656)
Canciona dicha la Preciosa echa para D. Enrico Butler
Su Gallarda
Pasacalle

Henry BUTLER (?-1652)
Sonata en Sol Mayor

José de VAQUEDANO (1642-1711)
Sonata a 3

Bartolomé de SELMA Y SALAVERDE (1638)
Canzon Soprano Solo
Canzon a doi Basso e soprano


Andrea FALCONIERI
Riñen y pelean entre Berzebillo con Satanasillo y Caruf y Pantal
Bayle de los dichos Diabolos


II

Andrea FALCONIERI
Fantasia echa para el muy Reverendo Padre Falla
L'Ermosa Celia, Corrente
Folias echa para mi señora Doña Tarolilla de Carallenos

Bartolomé de SELMA Y SALAVERDE
Canzon a doi soprani e basso
Corrente a 3

Gaspar SANZ (1674)
Jacaras y canarios

Henry BUTLER
Sonata en Sol Menor

Andrea FALCONIERI
L'Eroica
Battalla de Barabaso yerno de Satanas

Notas programa


Baldomero Barciela

El siglo XVII verá el progresivo desarrollo primero en Italia y después en toda Europa, de la música para conjunto de instrumentos. Este fenómeno tiene sus raíces en el siglo anterior con la aparición de versiones instrumentales de piezas vocales, pero será ahora cuando empiece a surgir un lenguaje más nítidamente instrumental. El paulatino abandono de la canzona en favor de la sonata, nos habla de la aparición de este nuevo lenguaje cada vez más alejado de los modelos vocales.

En el caso de España sin embargo la situación parece claramente diferente. Si bien ha llegado hasta nosotros una importante cantidad de obras para instrumentos solistas, fundamentalmente órgano pero también arpa y guitarra (como las obras de Gaspar Sanz incluidas en nuestro programa), la música para conjunto de instrumentos es prácticamente inexistente. Hay no obstante un par de obras de autores españoles publicadas en Italia a lo largo del siglo, cuya relación con la música que se hace en España en la misma época no siempre es evidente. Éste es el caso de Francisco José de Castro y sus Trattenimenti Armonici da Camera, trio sonatas de inspiración corelliana como corresponde a un autor que en el prólogo de su obra, confiesa que estudió la música en Italia. Más fuerte puede parecer la relación con la música hispánica de la obra de Bartolomé de Selma y Salaverde, quien publicó en 1638 en Venecia su primer libro de Canzoni, fantasie et correnti da suonar. Si bien el estilo de sus obras se inspira en la música italiana, Selma nos dice en el prólogo que recibió su educación en España, y quizás fuera hijo de Bartolomé de Selma, instrumentista de la Capilla Real de Madrid. Su condición de virtuoso del fagotto (el bajón era uno de los instrumentos más usuales en las catedrales españolas), crea un nuevo nexo de unión con la música peninsular de principios del siglo.

Junto a estos ejemplos publicados en Italia, poca es la música instrumental que se ha conservado en los archivos españoles. Al margen de alguna que otra transcripción de piezas vocales, realizadas para ser interpretadas por los conjuntos de ministriles que a lo largo del siglo se van acrecentando en las capillas catedralicias, y algún ejemplo contenido en el tratado teórico de Andrés Lorente, la única obra específicamente instrumental del período es la Sonata a tres de José de Vaquedano (o Baquedano). Esta obra se conserva en el archivo de la Catedral de Santiago donde Vaquedano nacido en 1642 en Puente la Reina y que anterioremente había ejercido de maestro en Madrid en las Descalzas Reales o en la Encarnación, fue maestro de capilla entre 1681 y el año de su muerte en 1711. , La obra se compone de cinco movimientos que en varios aspectos recuerdan aunque vagamente, a la canzona italiana de la primera mitad del siglo,

Pero si escasos son los documentos musicales en sí mismos, no lo son las referencias a la música de cámara en las fuentes de la época. Recordemos que el siglo XVII será el período de desarrollo de una serie de espectáculos dramático-musicales de diferente tipo, realizados fundamentalmente en la corte: máscaras, saraos, zarzuelas... En ellos los grupos de instrumentos tendrán un doble papel, por una parte como suministradores de música incidental en el cambio de escenografía, y por otra como sustento de la danza. Lamentablemente aunque conocemos las a veces vagas referencias a la música de estos espectáculos, las obras compuestas para los mismos no han llegado hasta nosotros (recordemos que el incendio del Alcázar Real de Madrid en 1734, supuso la desaparición de la mayor parte de la música cortesana anterior).
También sabemos que tanto Felipe III como su hijo, contaron con una serie de músicos de cámara en la que se encontraban algunos brillantes instrumentistas como Filippo Piccinini (maestro de viola de varios de los infantes) o Henry Butler, mucho mejor pagados que el resto de sus compañeros y que sin duda interpretaron algunas de sus obras en la corte. Ninguna música instrumental nos ha llegado de Piccinini pero si varias obras de Butler. Violagambista virtuoso del que un contemporáneo dice "... que tiene bien merecida su paga, por la rapidez de sus dedos", y cuya fama pervivirá hasta el final de siglo citado en las obras de Simpson y Rousseau, estará al servicio de la corte española desde 1623 hasta su muerte en 1652 como músico de bihuela de arco. Sus obras han sido conservadas en archivos ingleses y comprenden fundamentalmente divisions, aunque nos encontramos también algunas sonatas en trío para violín y gamba, que muestran una acusada influencia de la música italiana de la época, producto sin duda del contacto con músicos italianos en Madrid. Entre ellos destacará sin duda la figura de Andrea Falconieri, laudista napolitano que pasará un período indeterminado en España a partir de 1621, donde sin duda conocerá a algunos de los músicos de la corte como prueba su dedicatoria de La Preciosa echa para Don Enrico Butler. Posteriormente Falconieri se convertirá en maestro de la capilla virreinal de Nápoles donde morirá en la epidemia de peste de 1656. El intercambio de músicos entre Nápoles y la corte madrileña fue constante a lo largo de todo el siglo, y podemos suponer que las influencias musicales también. La única obra instrumental conservada de Falconieri es Il primo libro di Canzone, Sinfonie..., publicado en Nápoles en 1650. En él nos encontramos con varias danzas que con total seguridad fueron compuestas para las fiestas cortesanas napolitanas, y otras obras cuyos títulos tienen una clara orientación escénica como la Battaglia de Barrabaso yerno de Satanas o Riñen y pelean entre Berzebillo con Satanasillo...Sin duda algunas de estas obras y otras semejantes fueron también escuchadas en la corte española durante el siglo XVII.

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